Mismo destino, diferente decoración: Weihnachtsmarkt in Frankfurt

IMG_20161205_190336.jpgSon las 00:00 y me dispongo a escribir. Las cosas nunca tienen nada de particular si una no quiere, pero después de haber estado allí en diciembre y ver a la gente en bicicleta a dos grados bajo cero al medio día, circulando de aquí para allá, incluso algunos ¡sin guantes!, cuando a mí se me helaban las manos por el simple hecho de hacer una foto… img_20161205_122609y es que las bicis seguían aparcadas para usarlas en cualquier momento, hacia frío, sí, pero daba igual, así es, sin más.

 

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img_20161205_185909Es como si de repente abrieras una puerta y te dieras cuenta que hay múltiples habitaciones por donde poder transitar y cada una te contara una cosa diferente, como en la Casa de Goethe, con el cuarto azul, o la habitación “Pekín”, o la sala de la música, o la biblioteca, o la de las marionetas… y esto me recuerda algo que escribí hace un tiempo, cuando me pasaron unas fotos de unas puertas y me dijeron: escribe algo. Y de esa manera, me puse a escribir sobre la curiosidad de las puertas de mi infancia

Hay puertas que a veces llaman la atención…
Me tocó nacer en una gran ciudad, mis padres habían migrado en busca de “mejores oportunidades”, así que como muchas familias hacían, llegaban las vacaciones de colegio y volvíamos al pueblo, con los tíos, primos y abuelos (quien los tuviera).

Y una de las cosas que me llamaban la atención, era la forma en que mi tía hacia uso de la puerta de su casa.

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Fotos de puertas cedidas por: Carmen Herranz   http://cheribarviajalovetravel.blogspot.com.es/2016/06/frankfurt-me-gusta-jp-morgan-challenge.html

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La puerta.
Fueras cuando fueras, la puerta de su casa siempre estaba abierta, y no en sentido figurado, no, siempre estaba literalmente abierta.
Era esa típica casa de planta baja que da a dos calles, donde podías encontrar reunida a parte de la familia, no toda, porque éramos muchos… aunque, en ocasiones la encontrabas vacía y llegabas a una de las puertas, y chillabas: -¿hooolaaaa?- y entrabas, y no había nadie, y la atravesabas… y nadie… mi tía se había ido a comprar el pan, o la leche… incluso a veces oías a alguien duchándose en el baño…. y silenciosa te ibas, un poco con vergüenza, para no molestar.

Otra de las puertas que también estaba siempre abierta era la de un tercer piso, mis otros tíos (o segundos padres, también…). Subías las escaleras, sin ascensor, y cuando los escalones iban desapareciendo, poco a poco iba apareciendo la puerta, esperando con sus alas abiertas…

Lo cierto es que no eran puertas especialmente bonitas en su estética, pero sí en su significado.
Puertas abiertas.

Ahora es difícil dejar las puertas abiertas e irte, aún en los pueblos; atrévete, a ver qué pasa…

Las puertas son tratadas como dimensiones de nuestro propio ser.
“Cuando una puerta se cierra…”, de ahí los refranes.
Reflejan la cultura, la posición, lo que quieres aparentar, el gusto por la estética, las costumbres… dan a entender, quizás, lo que quieres guardar, lo que hay detrás, lo que escondes o quieres ofrecer… Son llamativas, sencillas, majestuosas, insinuantes, sobrias…

Pero siempre, siempre, son el umbral a otra estancia, a otra  dimensión.

A mi siempre me ha gustado tener las puertas o bien abiertas, o bien cerradas…

Ahora aprendo a dejarla entreabierta, por si alguna vez, en algún momento, con un pequeño empujón, te apetece abrirla del todo… y entrar…

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No os perdáis los mercadillos navideños si vais por Frankfurt en diciembre. img_20161217_162341Una buena forma de calentarse es con el Glühwein, o vino caliente… por cierto, hasta en las tazas del vino, aparece la pasión por las bicis 😉

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Seguimos pedaleando.
¡Seguimos disfrutando!

Dicen de la casualidad…

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Y un día, mientras realizas tu vuelta en bici como de costumbre, en esa época en la que estás sin trabajo y en búsqueda activa de empleo, pero hay tiempo, mucho tiempo para poder rodar caminos y airearse, y pensar, y dejar de hacerlo mientras se suda, ese día en el que tras estar sumida y subida en tus pensamientos y sobre la bicicleta, cuando vas ya de vuelta de tu ruta y de casi todo, ese día, te cruzas de repente con otra persona en un camino estrecho, y entonces con alegría te saluda y piensas: “¡mira! otra mujer en bici de montaña…”. Pero no te da tiempo a reaccionar, pero te quedas con la propaganda del culot, y entonces cuando reaccionas, vas y preguntas y buscas y entonces… encuentras.

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Más o menos así conocí a esta gran persona, como su saludo, alegre, positiva, familiar, desprendida… Y así encontré.

Y hoy volvemos a pasear, mientras sudamos y hablamos y pensamos y reímos…

¡Gracias Ana por los paseos y por las cenas con tu familia!

 

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Seguimos disfrutando 😉

 

 

Hay gente que me pregunta.

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Hay gente que me pregunta, ¿y mandar una foto de una bici común en cualquier lugar, así sin más?. Esta pregunta me hizo pensar en el “microcosmos”. Supongo que no trato de plasmar grandes hazañas, ni retos increíbles, ni proyectos con objetivos gigantes que se vislumbran en la lejanía que nos hacen pensar realmente en un mundo nuevo, espectacular, maravilloso, siempre brillante. No, se trata del “microcosmos”, lo pequeño y sutil que se refleja en la foto, ese instante mismo en que la persona decide tomarla. Los pensamientos, la situación, las circunstancias, el desencadenante, para cruzarte con esa bici común en cualquier parte y dejarla inscrita en ese instante fotográfico. Los estímulos para hacerlo, las emociones que produce. Cada una de ellas conlleva detrás una historia, como cuando me mandaron aquella de aquellas merecidas vacaciones, con rotura de pie incluida, o como ésta otra que me enviaron, mientras me contaban que habían conocido a un hombre de Alepo, con un buen trabajo, coche, casa… y ahora emigrante y sin ningún recurso después de haberlo perdido todo tras los bombardeos.

Hay otras que han sido descritas por sus autoras y autores, con palabras, explicando entornos que no son los habituales en los que vivimos por aquí, otras culturas, otras gentes, otras formas de universo.

No es la bici en sí, no es la “virtuosidad” en su ejecución, es el sentimiento que se deja traslucir en la luz que acompaña la composición y que emociona.

Y a partir de ahí, que cada cual interprete según gustos.

Os habéis fijado en la tonalidad de esta fotografía, no os olvidéis de la reja  😉

Seguimos y seguimos…

Seguimos disfrutando  🙂

 

 

Extraña y enigmática Frankfurt.

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Me enviaron esta foto y con ella venía un mensaje inherente que decía ¿te vienes a conocer la ciudad?, quien hubiera dicho “no” que levante la mano.

Así que sin pensarlo mucho, otra vez me veo volando hacia Alemania, esta vez a Frankfurt.
Es la segunda vez que viajo a este país y es la segunda vez que lo hago de la mano de alguien que conoce la zona. Así se hace mucho más llevadero el estar en una ciudad donde el idioma se torna realmente difícil, sobre todo para las personas que nos cuesta eso de las lenguas (sí, las hay y yo soy una de ellas).

Frankfurt, ahí llego, y allí está esperándome en el aeropuerto Carmen, la persona que ha organizado toda mi estancia y la que me enseñará toda esa ciudad.

Una vez más me llama la atención, como así lo hizo el reclamo de la foto, el que haya bicis por todas partes enganchadas con sus candados.

IMG_20160819_162011.jpgA la que sales de España, las bicicletas juegan un importante papel en el decorado urbano. Sin embargo, algo contrasta con la cantidad de bicis aparcadas, y es que, apenas se ven ciclistas pedaleando. No me preguntéis porqué, pero me llamó la atención que los carriles bici y sus usuarios me pasaron desapercibidos… aunque no es de extrañar, durante la visita iba prácticamente mirando de hombros hacia arriba, la variedad de los edificios, construidos en tan diversas épocas, hacen que apenas puedas bajar la vista.

 

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Frankfurt del Meno… es el río que cruza transversal de este a oeste por Alemania, conectado al Danubio y que vierte sus aguas al Rin… los barcos de transporte, de un largo interminable, pasan por debajo de los puentes de la ciudad… un espectáculo que sobre esas aguas, invita a la relajación.

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Pasamos dos días caminando sin prisas, visitando las calles y plazas más emblemáticas, desde Opernplatz, donde se encuentra el antiguo edificio de la ópera que aún funciona como tal,img_20160820_120344

 

 

pasando por el centro financiero de Europa con su banco central, con sus contrastes…

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Visitando la Iglesia protestante de San Pablo, Paulskirche, siendo actualmente un centro de exposiciones y eventos.

 

 

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O la catedral católica de San Bartolomé, Dom Sankt Bartholomäus, donde casualmente coincidimos con el ensayo de una música tocada por un dúo de guitarra y laúd, mereció estar allí un buen rato.

 

O la plaza del antiguo ayuntamiento, sitio de lo más bonito, con esos edificios tan típicos de cuentos, sus tejados picudos, la fachada plana del edificio más importante con los detalles de sus pequeñas figuras… ¡la de historias que deben de haber visto desde su posición privilegiada!

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También la calle Berger, interminable, la más larga de Frankfurt. Su fisonomía va cambiando conforme avanzas, es conocida por sus comercios y sitios donde poder comer, aunque a mí me pareció muy tranquila, estupenda para dar un paseo en silencio y reconciliador de lo urbano.

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Pero si queréis saber más no dudéis en pasaros por esta web y llegado el caso, poneros en contacto con Carmen, estará encantada de atenderos; personalmente estuve muy tranquila de contar con su apoyo y organización para la visita, una visita totalmente adaptada a mis expectativas y gustos.

Se me quedan muchas cosas en el tintero, como que me cantaran de forma improvisada el cumpleaños feliz, ¡en medio de una fiesta con orquesta, en alemán, y todos a una, por supuesto!

Seguimos disfrutando 🙂

 

 

Pedaleando en compañía.

Y un día van y vienen… y sucede la “kedada” de la que habíamos hablado en varias ocasiones.IMG_20160703_102919

Ellos ya conocen el lugar, así que el reto está en enseñarles parajes y sendas nuevas, desconocidas y a ser posible, atrayentes.

Hay muchos lugares bonitos para ver, divertidos para ciclar y mágicos para deleitarse… entonces, ¿qué elegir?. En una sola mañana no se puede ver todo, así que me dejo llevar por la propuesta que ellos me mandan, recorrer la sierra de forma circular, pasando desde el mar al interior de la misma, visitando los sitios más emblemáticos… vamos, que me asustan, pues son 75 km, con subidas, algunas, para tomárselas con mucha, mucha calma.

Y emprendemos la marcha. Son las ocho de la mañana y el calor promete hacer justicia.

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Después de subir a Coll d’Emberri, hacemos el primer sendero, una bajada técnica con algún que otro escalón y mucha piedra suelta que nos conduce directos al mar. Paolo llevaba tiempo queriéndolo hacer en bici, así que, un pequeño deseo lo hemos cumplido.

 

Nos espera tras unos 15 km por la orilla del mar, la subida a Santa Lucía. Con una pendiente en algunos casos del 21% por asfalto… llegamos a la ermita.

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La subida lo merece, las vistas desde allí son algo más que impresionantes, el Bartolo, el Peñagolosa, los humedales de Torreblanca y Oropesa, el mar… sitio mágico donde nos deleitamos y aprovechamos para reponer fuerzas y ¡seguir subiendo!.

Ya de nuevo por camino de tierra, dejamos a la izquierda Torre Ebrí, 13528519_501371170054920_2896504912471270250_o.jpgy un poco más allá, ahí está, el Barranco de la Carrera… empieza la diversión, si antes no habían subido las pulsaciones lo suficiente, ¡lo hacen ahora!. ¿Dije que el primer sendero era técnico?, bueno, pues este más. Vamos bajando por una zona de pinar que se agradece, zigzagueando en algunos casos con curvas cerradas, hay piedra suelta, pero es mínima, la tierra apelmazada y ligeramente húmeda también se deja ver en pequeños tramos… si no disfrutas, es porque la rigidez que da el miedo ¡no te deja!. Terminamos el sendero sin ningún percance.

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Volvemos por la vaguada entre dos lomas, Castillo de Alcalá, Castillo de Santa Magdalena y vuelta al punto de partida.

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Y por si no fuéramos cansados, les llevo por la marjal para acabar pedaleando en llano por sitios bonitos del pueblo.

Después de la ruta en buena compañía, buena comida y una buena horchata ¿qué más se puede pedir?

¿Sensación?: ganas de más.

¡Ah! Y no faltó “la pájara” y el pinchazo.

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“Nos conocimos hace unos cuatro años, y nos hemos visto tan sólo cuatro o cinco veces, pero parece como si nos conociéramos de toda la vida”. Gracias Miguel, por la visita y por traerte contigo a Paolo y José. Ahora me toca ir a mí 😉

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Seguimos pedaleando.

Seguimos disfrutando.

 

Sin ruedas, sin pedales y sin frenos…

Volvemos a dejarnos llevar de unas historias a otras… y un día me encuentro otra vez corriendo…

Mi pasión es la bicicleta de montaña, pero… ¡ay esos “peros”!, el deporte que yo empecé practicando fue el atletismo. Con diez años me vi entrando en un club que empezaba a formarse en la localidad donde vivía, de donde salieron grandes atletas… y empecé a correr, y correr…  y eso hacía, correr por caminos y senderos, yendo de aquí para allá compitiendo. Después cambié de domicilio y también de club de atletismo… y después, pasada la adolescencia y ya por mi cuenta, seguí corriendo y corriendo allí donde iba.

Pero, y otra vez un “pero”, apareció la BTT y poco a poco y con alguna otra lesión que me impedía correr aunque no pedalear, lo fui dejando…

Y es que a pesar de que el tiempo pasa, no hay manera, la creciente fiebre de correr que le ha entrado a todo el mundo me ha contagiado de nuevo, ¡por supuesto!, así que, poco a poco he ido volviendo a mover las piernas sin llevar pedales debajo, sin ruedas… y sobre todo, sin frenos.

En el nuevo club deportivo donde he entrado recientemente hay también grandes atletas, gente que vive con pasión el deporte, que saben combinar los recursos de los que disponemos, carreteras, mar, montaña, caminos, senderos… parece todo dispuesto para que el disfrute se vuelva un ritual diario del cual no poder escapar.

II Trail Blo 22-5-2016 (15 km) (19)El domingo se realizó un Trail de 15 km por estas tierras … y allí que me apunté gracias al empuje de la gente del club.

Cierto, una jornada de convivencia haciendo lo que te gusta siempre es de agradecer. Además hizo un día estupendo para correr por la montaña, ¿qué más se puede pedir?

 

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Pues nada, quedar la cuarta en la general y segunda de mi categoría 😀

II Trail Blo 22-5-2016 (15 km) (31)Creo que vuelvo a estar enganchada… ¿he dejado de estarlo alguna vez?

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Seguimos disfrutando.

Uniendo caminos.

 

 

 

 

Cuando la música suena.

El sonido de la música suele acompañar muchos momentos en la vida, siempre hay una canción que te recuerda algún tiempo pasado, una época determinada, o una película, o te transporta a esos espacios de tiempo en los que ese mismo tiempo parece pararse… sin embargo, nunca he llevado auriculares cuando voy en bici por la montaña… cuando voy en bici escucho otra música también muy especial, me gusta escuchar el viento, el sonido de las ramas cuando los pájaros se mueven, esa lagartija que sale despavorida cuando pasas por su lado, las piedras, la tierra, el sonido del buje, la cadena, las ruedas, que no suenan igual si son tubeless o no, la frenada… mi respiración, y en ocasiones, el sonido del mar, imparable. Todos ellos forman las melodía que me acompaña cuando pedaleo, que en ocasiones se convierte en vibración, en perfecto compás y armonía.
La música ha invadido siempre cada momento de mi vida… y entre medias, el silencio… ese silencio que nos hace escucharlo todo.

Esta vez no hay fotos, esta vez no voy a enlazar música, os dejo simplemente que elijáis vuestro propio sonido para este momento.

Seguimos disfrutando.