Dicen de la casualidad…

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Y un día, mientras realizas tu vuelta en bici como de costumbre, en esa época en la que estás sin trabajo y en búsqueda activa de empleo, pero hay tiempo, mucho tiempo para poder rodar caminos y airearse, y pensar, y dejar de hacerlo mientras se suda, ese día en el que tras estar sumida y subida en tus pensamientos y sobre la bicicleta, cuando vas ya de vuelta de tu ruta y de casi todo, ese día, te cruzas de repente con otra persona en un camino estrecho, y entonces con alegría te saluda y piensas: “¡mira! otra mujer en bici de montaña…”. Pero no te da tiempo a reaccionar, pero te quedas con la propaganda del culot, y entonces cuando reaccionas, vas y preguntas y buscas y entonces… encuentras.

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Más o menos así conocí a esta gran persona, como su saludo, alegre, positiva, familiar, desprendida… Y así encontré.

Y hoy volvemos a pasear, mientras sudamos y hablamos y pensamos y reímos…

¡Gracias Ana por los paseos y por las cenas con tu familia!

 

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Seguimos disfrutando 😉

 

 

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Hay gente que me pregunta.

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Hay gente que me pregunta, ¿y mandar una foto de una bici común en cualquier lugar, así sin más?. Esta pregunta me hizo pensar en el “microcosmos”. Supongo que no trato de plasmar grandes hazañas, ni retos increíbles, ni proyectos con objetivos gigantes que se vislumbran en la lejanía que nos hacen pensar realmente en un mundo nuevo, espectacular, maravilloso, siempre brillante. No, se trata del “microcosmos”, lo pequeño y sutil que se refleja en la foto, ese instante mismo en que la persona decide tomarla. Los pensamientos, la situación, las circunstancias, el desencadenante, para cruzarte con esa bici común en cualquier parte y dejarla inscrita en ese instante fotográfico. Los estímulos para hacerlo, las emociones que produce. Cada una de ellas conlleva detrás una historia, como cuando me mandaron aquella de aquellas merecidas vacaciones, con rotura de pie incluida, o como ésta otra que me enviaron, mientras me contaban que habían conocido a un hombre de Alepo, con un buen trabajo, coche, casa… y ahora emigrante y sin ningún recurso después de haberlo perdido todo tras los bombardeos.

Hay otras que han sido descritas por sus autoras y autores, con palabras, explicando entornos que no son los habituales en los que vivimos por aquí, otras culturas, otras gentes, otras formas de universo.

No es la bici en sí, no es la “virtuosidad” en su ejecución, es el sentimiento que se deja traslucir en la luz que acompaña la composición y que emociona.

Y a partir de ahí, que cada cual interprete según gustos.

Os habéis fijado en la tonalidad de esta fotografía, no os olvidéis de la reja  😉

Seguimos y seguimos…

Seguimos disfrutando  🙂